Una conspiración. –Fragmento–
por: Hecatombe
Desde las huertas se desprenden olores a frescas hierbas. La calidez del lugar invita a quedarse sólo con la ropa necesaria; hace calor pero a la vez se siente una agradable y refrescante brisa. Flora Tristán, también conocida como la paria, levanta un poco su cara para recibir el aire fresco mientras habla:
– Bakunin, viejo mugriento, siéntate aquí –dice–. Debo confesar mi agrado hacia tus posiciones antiautoritarias, aunque sospecho que tus disputas con Marx impidieron que se lograra una unión de trabajadores más amplia y fuerte. Tú sabes que siempre he reivindicado la necesidad de la unión obrera. Sabes cuánto he aborrecido la cruel desigualdad, no solo entre obreros y patrones, sino entre hombres y mujeres. Por eso quiero hablar contigo, quiero que conspiremos juntos desde aquí por una liberación radical de la mujer.
– Pues yo estoy aquí desde 1876 –responde Bakunin–, tú en cambio llegaste en 1838 así que conocerás mejor el lugar. Te escucho.
– ¿1838? ¡tenías que ser hombre! – replica exaltada la paria –. En ese año recibí un disparo de mi marido, André Chazal, pero no morí. Pude sortear las dificultades y sobreviví. Ese tonto me creía inferior y le demostré mis capacidades y mi fortaleza, le demostré la fuerza de la mujer. Viviendo le di una bofetada a los hombres que pretendían hacernos creer que las mujeres éramos inferiores a ellos. Chazal quiso, pero no pudo matarme.
– ¿Y de dónde sacaste ese hombre tan cariñoso y enamorado? –pregunta Bakunin con una sonrisa irónica que hace extender su boca hacia el lado izquierdo de la cara. Y Flora, rascándose la punta de la nariz, le responde–
– Yo nací en 1803. Cuatro años después mi padre murió y con su muerte llegó la pobreza a nuestra familia. Cerca a 1821 me fui a trabajar como colorista a un taller de litografía buscando dinero para sobrevivir con mi familia. El taller era de Chazal. Él decía que me quería y mi madre me pedía que me casara con él, que eso nos vendría bien, que mejoraría nuestra paupérrima situación; así que acepté. Pero en 1826 abandoné mi hogar, me fui para Inglaterra como criada de una familia y di la pelea por la custodia de mi hija y mis dos hijos y por la igualdad de la mujer. Chazal no lo soportaba e intentó matarme. Ese episodio sirvió para fortalecer mi rebeldía. Aproveché el tiempo y escribí varios textos para animar a mujeres y obreros a luchar por su emancipación. Por ejemplo, escribí Las mujeres inglesas, Mujeres públicas y Los obreros de las fábricas en 1840, así como Por qué menciono a las mujeres y A los obreros y las obreras en 1843. También traduje algunas cartas de Simón Bolívar, a quién conocí en mi casa estando muy joven. Como puedes ver no solo demostré la capacidad intelectual sino también de lucha de la mujer. Y afortunadamente aproveché el tiempo para escribir y luchar, pues en 1844 el tifus me mató. Así que no estoy aquí desde 1838. 41 años después de nacer en Paris, caí en Burdeos. –y agitando las manos como quien quiere separar una nube de mosquitos de su rostro, alegó– pero eso no es lo que importa. Escucha bien ahora que voy a contarte mi plan para arrancarle a lucifer su poder patriarcal y hacer de este infierno un lugar de iguales.
y Bakunin, después de tronar sus nudillos, escuchó.
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