
Este martes 6 de julio empieza CASABIERTA 2010 con el Ciclo de Cine
Zozobra bicentenaria.
A las 6pm en Platohedro Cll 49A # 36-93 informes 2166052
Entrada Libre!!!
Martes 6 de julio
Cada voz lleva su angustia.
Dir: Julio Bracho
Colombia-México, 1965
95 min
Cada voz lleva su angustia, de Julio Bracho Julio Bracho, 1965, 95min
Sinopsis
En un paraje estéril del campo colombiano, dos hermanos discuten si deben
abandonar su tierra y buscar trabajo en la ciudad. Pablo quiere irse pero
Cob se opone, en parte por el secreto amor que siente por su prima María.
Ferro, un hombre viudo un poco más acomodado, también pretende a María,
pero ella lo repudia pues quiere a Cob. La extrema pobreza, el orgullo, la
envidia y los celos van enredando a estos y otros personajes en una trama
complicada y violenta.
En Soacha, pueblo de los Andes colombianos, es descubierto el cuerpo
carbonizado del cojo Isidro dentro de su choza incendiada y, en el fondo
de un despeñadero cercano, el del joven Nicolás. Se sospecha del padre de
Nicolás Ferro, por su mal carácter y por la pasión que le inspira la joven
María, y solo el médico del lugar lo defiende.
Ficha Técnica
Dirección: Julio Bracho
Guión: Julio Bracho, Alejandro Cotto con la colaboración de Bernardo
Romero Pereiro, Fernando Laverde
Producción: Francisco Yesid Triana
Producción ejecutiva: Luciano Merchán
Productora: Productora Colombiana de Películas - Cofilms
Dirección de fotografía: Alex Phillips Jr.
Música: Raúl Lavista; canciones de Álvaro Dalmar (“Dios no lo quiere”,
“Coplas del mirar”), interpretadas por Lyda Zamora y Álvaro Ruiz
Duración: 95 min.
Reparto: Lyda Zamora, José Gálvez, Rey Vásquez, Enrique Pontón, Judy
Henríquez, Carlos Muñoz, Gaspar Ospina, Jaime Velásquez, Ana del Val,
Rómulo Mora.
Zozobra bicentenaria, julio 6
Ciclo de cine colombiano Zozobra bicentenaria
Zozobra bicentenaria
El desconocimiento de la autoridad del rey y la posterior derrota de las tropas españolas, significó la independencia de las elites criollas para insertarse en el mercado mundial sin la intermediación y limitaciones que significaba el régimen colonial. Convertida en la clase dirigente del país, esa elite ha implementado modelos económicos y políticos y ha promovido dinámicas sociales que les han permitido ejercer una hegemonía nacional bajo la cual los demás grupos sociales, en vez de las evocadas libertad, justicia e igualdad, han padecido opresión, iniquidad y dependencia. Este ciclo de cine colombiano nos permitirá dialogar acerca de las realidades de un país que en medio de una zozobra bicentenaria sigue buscando su emancipación.
Julio 6
Cada voz lleva su angustia.
Dir: Julio Bracho
Colombia-México, 1965
95 min
Julio 13
El ultimo colono
Dir: Julian Amaya y Henry Caicedo,
Colombia, 2007
7 min.
La mirada de Myriam
Dir: Clara Riascos.
Colombia, 1986
25 min.
Julio 27
La quinta opción
Dir: Luis Jorge Orcasitas
Colombia, 2006
58 min.
Lugar: Corporación Platohedro cll 49a#36-93 Barrio Buenos Aires. Info: 2166052 o comunicacionesplatohedro (arroba) riseup.net
¡Adelante!
En su visita a Medellín, antes de ir a la reunión conspirativa para la explotación mundial en Davos, Suiza, el presidente Alvaro “El Garavito” Uribe hizo alarde de sus dotes mesiánicas y ordenó la transustanciación de niños, niñas y jóvenes de Medellín que militen en instituciones educativas, ¡la suerte salva a quienes vagan!
El mandamastario encontró como fórmula para atacar los problemas de seguridad de la ciudad, la audaz conversión de quienes portan tarjeta de identidad en sapos. Como contraparte a la delación de los malevos, el Garavito éste promete dar el reino de los cielos en cuoticas módicas de cien mil pesitos, a razón de cuotica por mes batraciao. Con su bendita boca de felación opusdeiana, “El Garavito” U. afirmó que tanto el alcalde, Alonso “La Tapetusa” Sal-azar, como el gobernador careyonofuí Ramos, apoyaban tal garavitada.
Sin duda alguna, quienes estudien, después de sapos serán chulos, pues tan infame estrategia no es más que la prolongación, promovida ahora públicamente por el Mesías, del reclutamiento de l@s jóvenes en los grupos armados. ¡Dictada la sentencia! Si se salvan de las balas del delatado, caen por las del que paga la delación ―si el ejército ha matado a más de 1800 jóvenes pa’ reclamar un día de descanso, ¡que no harán por robarse cien mil pesos!
Ante el debate que ha suscitado la violenta fórmula del dictador, brilla el silencio cómplice de la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Sádica ponzoñosa que disfruta criminalizando a las destrozadas madres cuyos hijos mueren en accidentes caseros, la otrora polvito del U. ha permanecido callada hasta ahora ante tal amenaza a la vida y bienestar de niños, niñas y jóvenes. Sólo falta que cuando aparezca diga, que con esos cien mil pesos, va a promover un fondo para las exequias de los futuros muertos, garantizando así que las familias tengan recursos; tal como es el desvergonzado humanitarismo U.
Ya nos robó el derecho a la vivienda dándoles nuestras casas a los banqueros, ya nos mutiló el derecho a la salud mercantilizando el acceso a la atención médica, ya secuestró nuestro derecho al libre desarrollo de la personalidad y a la privacidad. ¿Quiere otro periodo para seguir violando las libertades, para descuartizar las familias, para desaparecer los derechos humanos de los niños y las niñas, para sepultar sueños bajo las balas de la democracia suya? ¡Adelante Garavito!
La doctora corazón responde
corresponsal: la chunchis en la olla
En días pasados una admiradora de este fracasado blog escribió:
Querida doctora corazón. Hace poco cambié de ciudad de residencia. Ahora vivo en un lugar muy frío y ni el alcohol lograba calentarme. Sin embargo, la semana pasada he visto a un chico que me ha puesto cachonda al instante. Sé de las bondades del pimentón para hacer que un hombre desee mis jugosas carnes. El problema es que no recuerdo muy bien la receta del pimentón relleno que presentaste en el canal televida la semana pasada. ¿podías vos, afamada chunchurria recordármela? Hacedlo por una ferviente admiradora aprendiz de cocina (al menos he estado haciendo el esfuerzo).
*(la segunda letra ha sido cambiada para preservar la identidad de Lala)
Hermosa doncella. Recibid mis saludos acompañados de fraternales y calurosos abrazos, gozad de la cocina y sobretodo, disfrutad la expulsión de los desechos intestinales....
Poned el pimentón a la brasa o al calor de la parrilla de la estufa. Debéis ir rotándolo para que la cocción sea uniforme. Cuando veáis que la membrana superficial o cáscara llega a tal punto de achicharronamiento que ésta se ve negra, es porque ese punto se ha cocinado. Os recomiendo que no esperéis hasta que se ponga negra para girarlo, hazlo gradualmente para que la cocción sea uniforme. Os garantizo que a medida que lo vayáis volteando el ennegrecido ira apareciendo.
Para que no sufráis quemaduras en tus delicados dedos (no vaya a ser que debáis suspender la autosatisfacción sexual cotidiana), podéis dejar enfriar el pimentón un poco antes de retirar la cascarilla chamuscada (cuidaos de pensar que me he equivocado y que he dicho mal, pues no es chambuscado, como algunos chambones creen). Después de retirarla podéis frotar con las yemas de tus dedos la suave y lubricada superficie: éste es el momento para que recordéis al mozo al que deseáis ofrecer la cena (quizás con el objetivo de cenártelo) y si lo deseáis podéis acariciar vuestras nobilísimas partes... Recordad que debéis lavar tus manos antes de proseguir con la preparación.
Ya pelado el pimentón, cortad la parte que une (o unía, para no pecar de imprecisos) al fruto con la planta. Procurad hacerlo con cuidado. Podéis usar la punta de un cuchillo, cortando circularmente. Tened cuidado de no ir a rajar el fruto por ninguno de sus lados. Si la cocción fue adecuada, al jalar este pezón verde, éste traerá consigo la parte del fruto del que están adheridas las semillas. Procurad limpiar todas las semillas, aunque no os preocupéis si algunas quedan al interior del ahora flácido, rubicundo y lubricado fruto.
Si habéis llegado con éxito hasta este punto, solo necesitáis ahora preparar el relleno.
Cocinad frijoles hasta que estén bastante blandos. Estripadlos todos como si fueran gendarmes que quisieran imponerte una letra escarlata sobre vuestros preciados pechos. Verted aceite en un recipiente tipo paila (que no me refiero al mozo que deseáis invitar a cenar, pues espero no sea un tipo bien paila...) y cuando el calor lo tenga chispoteando, poned pedacitos de cebolla (lo cual es opcional si creéis que hediondez bucal podría aquejaros) y acto seguido adicionad la masa resultante de los frijoles apachurrados. Revolved. Revolved y revolved. Entended que lo que hacéis en ese momento es fríjol refrito (refrito, aunque no tanto como quien te instruye culinariamente en este momento). En algunas ocasiones he adherido un poco de salsa de soya o salsa negra. Si no deseáis hacerlo recordad poner un poquitín de sal, pues una comida simplona podrá hacer creer que ese mismo defecto se repetirá en la cama y vuestro mozo saldrá huyendo, eso si, fijo después de haber comido todas las existencias. Cuídate de no poner salsa de soya y sal pues en este caso, quedará salado y el efecto será igualmente contraproducente. Cuando veáis que has formado una masa con los frijoles, puedes bajarlos del fuego y prepararte para rellenar el pimentón.
Por el orificio que habéis hecho en la parte superior del pimentón, comenzad a introducir el fríjol, haciendo una pequeña presión para que llegue hasta el fondo. Esta recomendación es importante inclusive después de la cena, cuando os halléis con el mozuelo: has presión para que llegue hasta el fondo. Es probable que el pimentón se te raje por uno de sus lados: no os preocupéis, termina de rellenarlo.
Debéis preparar un guacamole. Éste es fácil de lograr si poseéis un picatodo o ayudante de cocina que llaman en otros feudos. Allí mezclad el aguacate (también de origen americano al igual que los frijoles. Como puedes ver es un platillo bien sudaca, lo que podéis usar como elemento seductor si a quien deseáis conquistar tiene talante crítico, reivindica la identidad latinoamericana o es conocedor de las bondades de luchar por la amada libertad). Os decía que mezcláis el aguacate, un pedacito de cebolla, cilantro, limón y sal. Accionad el aparatejo éste y tendrás una salsa suave, consistente y deliciosa. En algunos villorrios le añaden un poquitín de mayonesa para dar más suavidad y textura, sin embrago, no suelo recomendarlo mucho. vos sabréis.
Háyase rajado el pimentón o no, verted el guacamole sobre él en sentido longitudinal (de una punta a la otra). En caso de que hayáis sufrido el rajamiento del pimentón verted el guacamole sobre la parte afectada para que así la cubráis y el comensal ni se enterará de tal accidente. Podéis acompañarlo con unos pequeñitos patacones. Hacedlos con banano verde y os llevarás una gratísima sorpresa.
Algunos os podrán objetar que el pimentón es muy pesado para el colon. Todo parece indicar que es la cáscara quien produce malestares en las tripas. Así que no os preocupéis que vos sabéis que ésta ya no existe en tan exquisita preparación.
Buen provecho, de la boca a la barriga, pasando por el pecho.
Una sugerencia: cuidad que el invitado no sepa que la receta implica machacar los frijoles, pues podría malinterpretaros y llegar a la cita con un pote de vaselina, y ya sabes que es de mal gusto no consumir lo que el invitado lleva a la cena....
Y no os preocupéis si en medio del coito se te sale un pedo oloroso,
Envía tus dudas o secretos sexuales, revolucionarios, antisistema o lo que sea a especie.desastrosa@gmail.com, la doctora corazón responderá gustosa.
Mientras llega el momento
crecemos y envejecemos en absoluta sumisión..."
"prefiero morir como un cobarde que vivir cobardemente"
Eskorbuto.
Mientras llega el momento.
Mi madre me contó hace algunos años que mi amigo imaginario se llamaba Juenjui. Después de que éste desapareció, Alberto y yo hemos sido fiel compañía. En mi casa mi papá y mi mamá trabajaban, por lo que pasé muchos días encerrado con llave en la casa, con mi hermano. Claro, nos hicimos compañía por muchos años, pero ambos fuimos creciendo y armando nuestros mundos, hoy tan diferentes... Así que sin Juenjui y con una relación diferente con mi hermano, Alberto y yo nos la pasábamos mucho tiempo a solas. Sobretodo jugando en el solar, enterrando tesoros que jamás encontré: quizás lo que enterraba eran aquellas partes de mí de las que debía deshacerme por el paso de los años: inocencias, alegrías, deseos, temores, amores...
Cuando Alberto tenía más o menos unos quince o dieciséis años ya conocía la vareta y se parchaba muy solo. Él no tenía un combo de amigos y amigas en su barrio, si tenía parceros con los que había jodido la vida y pasado muy bueno muchos años, pero no era un combo de esos que cuando uno crece sigue existiendo y de ahí salen parejas de novios y cosas de esas. No. De hecho éramos puros hombres: "solo parche antena". Entonces Alberto se parchaba solo: además de creer que para salir con una nena necesitaba plata, dinero, money, billullo, la liga... se sentía demasiado tímido. Entonces Alberto se parchaba solo, conmigo, a fumar moño. Una noche de viernes normal para Alberto consistía en tener en el bolsillo más o menos mil quinientos pesos: lo que lograba ahorrar de las mesadas de la semana, de los "algos". Con eso, pensaba Alberto, le alcanzaba para una cerveza y un vareto. Así que salía y caminaba unas tres cuadras, hasta un barrio de clase media alta. Allí unos manes, unos riquitos, vendían moño. ¡Unos porros más sabrosos que un putas! Una cuadra más abajo, estaba la licorera de doña luz. Allí compraba la pola y en la esquina de la cuadra donde quedaba la licorera prendía el porro y tomaba pola a sorbos muy pequeños para que le durara hasta media noche. En esas horas Alberto hablaba conmigo, intentando dar sentido a muchas ideas que le rondaban el coco, a tanto malestar que se iba acumulando. Este fue un tiempo muy importante para Alberto: aprendió a estar con él mismo, a conocerse, a hablarse sinceramente... y a escucharse. Sobre todo Alberto aprendió a estar en silencio, para escucharse y escuchar. Desde eso, el silencio -casi siempre- lo hace sentir tranquilo.
Muchos caminos llevaron a Alberto a ser lo que hoy es. Obviamente las instituciones tuvieron que ver mucho: colegio, boy scouts (dios, patria y hogar... puagh!!!!!), prestar servicio militar (dios, patria y orden puaaghhh!!!!) entrar a la universidad y ocho etcéteras... Lastimosamente, pero así fue. En esos caminos Alberto encontró seres encantadores, mágicos, cómplices, amigos y enemigos, amores y desencantos (que no podían ir separados), luchas, victorias pírricas, muchas derrotas.... Otra institución apareció en el camino de Alberto. Claro, también allí se cruzaron personas maravillosas. Pero sin duda esta fue muy jodidamente importante... el hospital. Alberto no se accidentó, ni le diagnosticaron alguna falla cardiaca o digestiva (aunque esta última la tenga y le genere una fuerte dosis de pedos diaria...). No tuvo que ser internado ni nada de eso. El hospital universitario San Vicente de Paúl. Aunque Alberto estudiaba medicina en ese entonces, no estaba allí precisamente visitando algún paciente. Estaba justo en el pabellón de psiquiatría, esperando a ver si un médico-profesor le hacía "el favor" de escucharlo, de atender las quejas de su padecimiento "mental". Fueron días jodidos. Alberto y yo peleábamos mucho: él sentía que le exigían dejar de ser lo que era y a la vez no tenia muy claro quien putas era. Diagnóstico: depresión severa. Fueron varios meses de "medicación psiquiátrica" hasta que Alberto comprendió que las pastillas de chiquitolina que le daban no eran el remedio. [cancioncita de salsa vieja que no sé cómo se llama: amarguras señores que a veces me dan. La cura resulta más cara que la enfermedad...] Alberto comprendió que el asunto pasaba por ser quien quería ser, o al menos por intentarlo. Sobre todo entendió la causa de su agonía cotidiana, del fastidio de vivir: tener que mentir: posar, hacer creer que uno es y que no es lo que otr@s quieren que uno sea y no sea. Rompió con varios asuntos: se fue de casa (un poco echado también, pa' qué), se salió de la universidad donde estudiaba medicina y se puso a vender artesanías en el parque Lleras pa' ganase la yuca... y la hierba. Pocas semanas después regresó a la casa de sus padres (de donde por cierto no lo han sacado de nuevo, convirtiéndose en el mueble más viejo de la casa...). Ese regreso fue con unas condiciones diferentes, con las que Alberto creía que podía tratar de ser él. Pastillas de uso psiquiátrico hubo bastantes después de eso (aunque ninguna medicada) y los intentos por abrirse de este parche terrenal no volvieron a presentarse: cuando estaba en primero de bachillerato un amigo muy cercano del salón de clases, al que le decíamos Pica y que su mama trabajaba con la cosa nostra en la mismísima Italia, sorprendió a Alberto rasgándose la muñeca izquierda con un tornillo que le había quitado a un pupitre... ese fue el primer intento fallido... Alberto superó el diagnóstico del gran doctorcito de mierda ese, aunque conserva un deseo enorme de darle unas puñaladas por pirobo y falto de ética... (algo que no explicaré pero que no tiene nada que ver con abusos sexuales).
Alberto ya no se sentía deprimido de vez en cuando al punto de querer morir, no. Ya no había episodios en los que sentía que la dicha cotidiana no estaba presente, no. Y esto no pasaba porque siempre se sintiera dichoso sino porque, al contrario, ya no lo estaba prácticamente nunca. Claro: reía, bebía, gozaba, pero sabía que todo era una farsa: la puesta en escena de la vida: vivir aunque eso signifique simplemente esperar la muerte. Como corderos que serán sacrificados en el altar de la producción, en alabanza al dios sistema.
Hoy, digamos que las cosas andan bien en términos generales. No siento algún problema en particular que me haga sentir desdichado ahora. Es algo que traté de enunciar en esta historia: la desidia hace parte de mi tostadez. Vivo, pero casi siempre es un trámite. Me descubro esperando la excusa que realmente motive mi partida; no tengo afán. Mientras llega la pelona, o la llamo, le busco la comba al palo, le pongo condimentos a la simplona vida. Realmente esto no se trata de la falta o de la existencia de ciertas condiciones materiales. En el fondo no sé del todo de que se trata, pero creo que a algun@s les gusta la idea de la felicidad y a otr@s no. Voy del lado del pesimismo, de la lágrima, de añorar sin optimismos, de caminar el paso a paso sin creer que llegaré al destino anhelado. ¿Y sabes qué?: esto que te digo es importante, no es algo triste, ¡esto me gusta!
Al igual que mis silencios, Alberto hace parte de mi historia. Soy y no sé hasta cuando. Y también sé que todo esto importa poco, pero qué va. Ahora decime alguito de vos, que todavía nos queda tiempo antes de ir a recibir el paquetico aquel, ubicarlo y detonarlo... y qué mierda si morimos en el intento.
libertad a unos cuantos pasos.
Algo le había oído decir alguna vez. No sé si fue mientras detonábamos una carga o compartíamos humos y alcoholes... El hecho es que él sabia que iba a terminar pegándose un tiro, por lo que creía que lo mejor antes de hacerlo era llevarse al menos un policía.
Y logro dos.
Una conspiración. –Fragmento–
– Bakunin, viejo mugriento, siéntate aquí –dice–. Debo confesar mi agrado hacia tus posiciones antiautoritarias, aunque sospecho que tus disputas con Marx impidieron que se lograra una unión de trabajadores más amplia y fuerte. Tú sabes que siempre he reivindicado la necesidad de la unión obrera. Sabes cuánto he aborrecido la cruel desigualdad, no solo entre obreros y patrones, sino entre hombres y mujeres. Por eso quiero hablar contigo, quiero que conspiremos juntos desde aquí por una liberación radical de la mujer.
– Pues yo estoy aquí desde 1876 –responde Bakunin–, tú en cambio llegaste en 1838 así que conocerás mejor el lugar. Te escucho.
– ¿1838? ¡tenías que ser hombre! – replica exaltada la paria –. En ese año recibí un disparo de mi marido, André Chazal, pero no morí. Pude sortear las dificultades y sobreviví. Ese tonto me creía inferior y le demostré mis capacidades y mi fortaleza, le demostré la fuerza de la mujer. Viviendo le di una bofetada a los hombres que pretendían hacernos creer que las mujeres éramos inferiores a ellos. Chazal quiso, pero no pudo matarme.
– ¿Y de dónde sacaste ese hombre tan cariñoso y enamorado? –pregunta Bakunin con una sonrisa irónica que hace extender su boca hacia el lado izquierdo de la cara. Y Flora, rascándose la punta de la nariz, le responde–
Etiquetas: Bakunin, Flora Tristán, hecatombe, patriarcado
